Líquenes, el arte de la cooperación

Los líquenes se encuentran prácticamente en todas partes, siendo organismos pioneros en lugares desolados, componentes de la diversidad de los bosques y encontrándose incluso en las ciudades y construcciones humanas. Esta impresionante capacidad adaptativa se hace posible al unir las capacidades individuales de diferentes organismo, variedades de hongos, algas y bacterias, los cuales a través de una íntima y profunda relación de cooperación afrontan con éxito los desafíos de la vida.

La asociación requiere un sustento mecánico donde existir. Esto lo provee normalmente un hongo (ascomycota o basidiomycota), llamado el micobiente, los cuales tienen una gran resistencia a la radiación solar y altas y bajas temperaturas, que es lo que permite a los líquenes su enorme capacidad de colonización de ambientes. El problema para el hongo es que necesita alimentarse y muchos de estos lugares no tienen sus fuentes de alimento usuales, la parasitación de otros organismos y la descomposición de materia orgánica. Este problema nos lleva al 2do componente clave de los líquenes: un organismo fotosintético llamado el ficobiente. Normalmente se trata de un alga o una bacteria, los cuales pueden realizar fotosíntesis, produciendo alimento a partir de la luz del sol, pero cuya resiliencia ambiental es mucho más reducida que la del micobiente.

Así, micobiente y ficobionte se unen intercambiando sustento mecánico y comida, respectivamente, para general una asociación que tiene mucha más probabilidad de sobrevivir que sus componentes individuales.

Estructuralmente encontramos varias formas de crecimiento. La más simple es la de los líquenes crustosos, que crecen fuertemente pegados al sustrato. Luego encontramos los del tipo folioso, donde vemos estructuras laminadas que aumentan la superficie que capta luz. Finalmente encontramos los fruticulosos, donde se han desarrollado estructuras alargas parecidas a ramas.

Los líquenes pueden presentar diversos colores dependiendo de los pigmentos que presenten, muchos de ellos fotoprotectores.

La reproducción puede ocurrir en conjunto, donde partes del liquen se desprende como “esporas” en estructuras pensadas para esta finalidad o bien en trozos que se desprenden por acciones mecánicas externas. También es posible que los componentes fúngicos individuales de la asociación se reproduzcan de forma independiente, para luego encontrar otro compañero.

Evolutivamente se cree que esta estrategia de vida ha aparecido en multitud de ocasiones, debido a su eficacia (Gargas et al, 1995), pero por lo menos existe desde la era devónica (Thomas et al, 1997), hace unos 400 millones de años. Hoy en día existen más de 11.000 especies de hongos que participan en asociaciones liquénicas.

La capacidad de colonización presenta una función ecológica fundamental para la salud de los ecosistemas, pues permite la entrada de materia orgánica a lugares de difícil colonización, como un escorial volcánico, donde eventualmente los líquenes pioneros favorecerán la formación de suelo. También se han usado líquenes como indicadores de calidad de aire y niveles de contaminación (Monge-Nájera et al 2002), esto debido que la mayoría de los nutrientes los obtienen del aire, siendo muy sensibles al estado de este.

Gargas A. et al (1996) Multiple origins of lichen symbioses in fungi suggested by SSU rDNA phylogeny. Science, Vol 268.

Thomas N. et al (1997). A cyanolichen from the lower devonian rhynie chert. American Journal of Botany 8 (84). Pp.992–1004.

Monge-Nájera et al (2002). Twenty years of lichen cover change in a tropical habitat (Costa Rica) and its relation with air pollution. Rev. Biol. Trop. 50(1): 309-319.